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La oportunidad para impulsar las energías renovables

Con una meta tan ambiciosa como la planteada por el Acuerdo de París, el mundo vuelve sus ojos a las energías renovables como mecanismo para lograr esta meta de descarbonización de la economía.

Pero, para ello, se requiere financiamiento para investigar e idear nuevas tecnologías. La ventaja es que la inversión inicial se paga en el corto plazo dado el ahorro en costos que implican las energías renovables y el sector privado fue el primero en notarlo. 

Durante la cumbre climática celebrada en la ciudad de París (Francia) en 2015, 20 países se comprometieron a duplicar su inversión en Investigación y Desarrollo (I+D) de energías y tecnologías bajas en carbono en los próximos cinco años, hasta alcanzar un total de $20.000 millones.

Esto forma parte de "Misión Innovación, acelerando la revolución de la energía limpia", iniciativa promovida por el multimillonario Bill Gates, la cual busca promover las tecnologías bajas en carbono a través de la alianza público-privada.

Esta alianza público-privada representa el 80 % de la I+D en energías limpias.

Para Laurent Fabius, ministro francés que impulsó el Acuerdo de París, los próximos 15 años serán claves para la expansión y abaratamiento de las energías renovables.

De hecho, la Agencia Internacional de las Energías Renovables (IRENA, por sus siglas en inglés) calcula que, para cumplir con lo establecido en el Acuerdo de París, se deberá duplicar la instalación de fuentes limpias en los próximos 15 años, lo cual requerirá una inversión anual de $900.000 millones en 2030.

La buena noticia, según IRENA, es que el costo de la energía solar ha caído un 80% y el de la eólica un 33% desde el año 2000. Las fuentes solares generan actualmente dos veces más empleo, por unidad de generación eléctrica, que el gas y el carbón juntos.

Solo en 2015, las energías renovables acapararon una inversión global de $330.000 millones y la proyección es que, al 2020, se inviertan otros $500.000 millones más.

Vale aclarar que cuando se habla de energía, esta contempla tanto al sector eléctrico como al transporte. En este sentido, y por ejemplo, un mundo electrificado a partir de energías renovables no solo permitiría reducir emisiones de carbono y así contener el incremento de la temperatura sino que también se traduce en mayor conocimiento científico y tecnológico así como empleo y bienestar social. 

Simplemente se requiere cambiar el paradigma, dándole la oportunidad a las renovables de desarrollarse para así dejar de depender de las fuentes fósiles como petróleo, gas y carbón para cubrir la demanda de los sectores eléctrico y transporte.

Eso sí, las opciones renovables también tienen sus impactos (claro, son menos que los derivados por las fuentes fósiles) y estos deben ser tomados en cuenta por los países. 

Por ejemplo, se debe distinguir entre plantas que generan electricidad a partir de energía renovable de gran escala y pequeña escala. 

Mientras los proyectos de gran escala suelen generar conflicto en las comunidades donde se instalan porque se desplazan poblados, se restringen los recursos a disposición de los vecinos (por ejemplo, una planta hidroeléctrica afecta la cantidad de rápidos en un río, de los cuales depende el turismo dedicado al rafting) o se generan emisiones de GEI durante la construcción (por ejemplo, las lagunas de las represas hidroeléctricas emiten metano y eso incrementa la huella de carbono), los proyectos de pequeña escala -en cambio- favorecen la participación de las comunidades y las personas tienen mayor control de estos y generan mayores oportunidades para los pueblos.