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Energía verde e inclusiva

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¿Por qué la energía debe ser verde e inclusiva?

El mundo está entendiendo que el planeta no es ilimitado en recursos y que nosotros, los seres humanos, lo necesitamos más a él que él a nosotros.

Bajo esta óptica, en setiembre del 2015, la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible para los próximos 15 años, los cuales pretenden guiar la lucha contra la pobreza y el hambre, así como garantizar el acceso a una educación de calidad, a agua limpia y saneamiento, trabajo decente y crecimiento económico, entre otros.

El séptimo objetivo de los ODS reza así: garantizar el acceso a una energía asequible, segura, sostenible y moderna para todos.

La humanidad se ha desarrollado como civilización gracias a las energía. Alrededor de ella giran las oportunidades de empleo, la seguridad ciudadana, la producción de bienes y servicios, la seguridad alimentaria y la educación, entre otros.

Las noches de una mujer que trabaja dentro o fuera del hogar pueden llenarse de oportunidades porque, gracias a la electrificación, cuenta con luz para estudiar. Esa educación le abre más y mejores opciones de empleo y ese empleo puede representar un mejor ingreso económico que permita alimentar mejor a su familia y dotarles de medicamentos, por ejemplo.

 

Como bien lo reza Naciones Unidas: “la energía sostenible es una oportunidad que transforma vidas, economías y al planeta”.

 

La energía se convirtió en un derecho fundamental que nos permite acceder a otros derechos y por eso, la energía debe ser verde e inclusiva. Verde porque todos compartimos espacio y recursos en este planeta e inclusiva para que todos nos cobijemos con sus oportunidades.

Esto porque, la selección del tipo de energía, tendrá un impacto en los derechos de otras personas. Optar, por ejemplo, por un automóvil que utiliza combustibles fósiles en el transporte genera más material particulado en el aire, lo cual empobrece su calidad, enfermando a las personas que comparten con ese conductor el espacio cuando transitan por la calle.

En este sentido, para la organización Hivos, se requiere que múltiples actores -gobiernos, organizaciones, empresas y las mismas personas de las comunidades- trabajen en conjunto y armonía para que la energía sea verdaderamente verde e inclusiva. No hay contribución pequeña, todos pueden ser promotores de la energía verde e inclusiva.

Para ello, la iniciativa “Energía sostenible para todos” (SEforAll, en inglés), impulsada por Naciones Unidas, definió tres grandes objetivos por los cuales luchar de cara al año 2030.

El primero se refiere al acceso universal de servicios energéticos modernos. En pleno siglo XIX, existen más de 3.000 millones de personas que dependen de la biomasa tradicional (leña) para cocinar y calentarse. Debido a ello, estas personas están expuestas a padecer enfermedades respiratorias debido a la inhalación de material particulado que se genera tras la combustión de la biomasa. Muchas de esas personas son mujeres pobres.

Asimismo, existen 1.500 millones de personas que aún carecen de electricidad. El acceso a la energía no solo radica en que haya una red centralizada de distribución que brinde el acceso, sino que ese servicio sea económicamente viable para la población.

En este sentido, la iniciativa aboga por mejorar el acceso a recursos y servicios energéticos que sean fiables, de costo razonable, económicamente viables, socialmente aceptables y ecológicamente racionales.

Ese acceso universal a la energía radica en empoderar a las comunidades como productoras de electricidad. Eso les dará independencia de decisión con respecto al modelo energético que mejor se ajuste a sus realidades, promueve la autorregulación en pro de una gobernanza participativa que incluya a grupos tradicionalmente marginados como jóvenes y mujeres.

Para ello, y precisamente es el segundo objetivo de la iniciativa, se hace imperativo duplicar el uso de energía renovable. Primero, porque en términos generales, esta es menos contaminante y emite menos carbono a la atmósfera, lo cual contribuye a un planeta más apto para la vida.

Segundo, las energías renovables tienen una tasa de recuperación de inversión más alta que las fósiles. A largo plazo, estas son menos costosas y eso facilita el acceso y la independencia de las comunidades en cuanto a la generación eléctrica.

El último objetivo de la iniciativa se relaciona a la eficiencia. La bonanza de las energías fósiles duró entre 30 y 50 años en el siglo XX, en parte debido a la poca planificación y derroche de recursos.

Tecnologías mejor diseñadas, cuyo uso sea planificado, se traduce en mayor eficiencia energética. Producir más con menos es la premisa para obtener un mejor rendimiento, pero también para no sobrecargar al planeta.

La eficiencia energética no solo tiene que ver con tecnología y ordenamiento territorial, también se relaciona con desperdicio y en este punto, la toma de conciencia de las personas puede cambiar el curso de la historia.

Las personas ignoran el poder de transformación que yace en sus decisiones de consumo.

 

En fin, estas metas del séptimo ODS resumen el camino a seguir en pro de la energía verde e inclusiva:

  • Garantizar el acceso universal a servicios de energía asequibles, confiables y modernos.
  • Aumentar sustancialmente el porcentaje de la energía renovable en el conjunto de fuentes de energía.
  • Duplicar la tasa mundial de mejora de la eficiencia energética.
  • Aumentar la cooperación internacional a fin de facilitar el acceso a la investigación y las tecnologías energéticas no contaminantes, incluidas las fuentes de energía renovables, la eficiencia energética y las tecnologías avanzadas y menos contaminantes de combustibles fósiles, y promover la inversión en infraestructuras energéticas y tecnologías de energía no contaminante.
  • Para 2030, ampliar la infraestructura y mejorar la tecnología para prestar servicios de energía modernos y sostenibles para todos en los países en desarrollo, en particular los países menos adelantados, los pequeños Estados insulares en desarrollo y los países en desarrollo sin litoral, en consonancia con sus respectivos programas de apoyo.