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¡Qué calor!

¿Cómo logra el planeta Tierra no ser tan caliente como Venus, pero tampoco tan frío como Marte? Pues esto es posible gracias a su atmósfera.

La energía del Sol penetra la atmósfera en forma de ondas. Si bien es cierto que parte de esa energía eleva la temperatura, la misma atmósfera tiene su mecanismo de autorregulación conocido como efecto invernadero. 

Este consiste en irradiar de vuelta al espacio esa energía en forma de radiación infrarroja. Eso sí, y a manera de reserva, la ionosfera atrapa parte de esa energía irradiada para así ayudar a mantener una temperatura estable y favorable a la vida.

Ese mecanismo es posible gracias a los GEI, los cuales incluyen CO₂, metano (CH₄), óxido nitroso (N₂O) y los fluorocarbonados. Como el CO₂ es el más abundante del grupo, cuando se miden los GEI pues se calculan en dióxido de carbono equivalente.

El efecto invernadero fue descrito por primera vez en 1824, cuando Joseph Fourier calculó que la Tierra sería más fría si no existiera la atmósfera.

Sin los GEI, la temperatura promedio del planeta rondaría los -18 °C. Gracias a ellos, la temperatura media en la superficie terrestre es 15 °C.

No obstante, las actividades humanas están liberando más GEI a la atmósfera de lo que esta puede aguantar para mantener el equilibrio y esta capa se está volviendo cada vez más gruesa. El exceso de GEI evita irradiar la energía de vuelta al espacio y esta se queda atrapada, con lo cual aumenta la temperatura.

Svante Arrhenius describió esta situación en 1895, en plena Revolución Industrial. Precisamente a partir de esa época es cuando se empezaron a liberar más GEI de la cuenta a la atmósfera.

Actualmente, el 80% de los gases presentes en la atmósfera es CO₂, el cual es liberado por el uso de combustibles fósiles y por el cambio de uso del suelo a raíz de la deforestación. El restante 20% corresponde a CH₄, N₂O y fluorocarbonados.

En cuanto al CH₄ liberado a la atmósfera, el 60% es responsabilidad del ser humano, al igual que el 17% del N₂O que deviene de los fertilizantes.

Si bien estos tres gases están presentes en el planeta de forma natural, su exceso es por causa nuestra.

Con respecto al hexafluoruro de azufre, los perfluorocarburos e hidrofluorocarburos, estos son gases generados exclusivamente por actividades humanas. Los dos primeros se derivan de actividades industriales como la fabricación de semiconductores así como por la red eléctrica que ilumina a las ciudades.

Los hidrofluorocarburos son utilizados en sistemas de refrigeración y además degradan la capa de ozono, la cual nos protege de la radiación ultravioleta.

Para dimensionar el aporte de la humanidad al calentamiento global basta ver la concentración de CO₂. La concentración de este en la época preindustrial era de 280 partes por millón. En 2005, ese número llegó a ser 381 partes por millón y en el 2016 fue la primera vez en la historia que se llegó a 400 partes por millón.

Según el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), a la fecha, ya se emitieron 1.900 gigatoneladas de  CO₂ de un total de 2.900, lo cual solo deja disponible unas 1.000 gigatoneladas para todo el mundo.

Eso quiere decir que la humanidad ya agotó el 65% del presupuesto de las emisiones de carbono. 

De agotarse ese presupuesto, la temperatura promedio del planeta se incrementará en 2 °C, lo cual compromete la vida como se conoce actualmente. Solo en el siglo XX, la temperatura media del planeta aumentó un grado.

De continuar el ritmo de emisiones, el IPCC proyecta un aumento entre 4 y 6,4 °C en la temperatura, lo cual sería catastrófico. Con un aumento de 2 °C, el nivel del mar crecería 40 centímetros al 2100; pero con un incremento de 4 °C, sería de 80 centímetros y ciudades como Shanghái (China), Bombay (India) o Nueva York (Estados Unidos) quedarían parcialmente sumergidas.

Por ello, la recomendación es recortar las emisiones de GEI entre 40 y 70% al año 2050, tomando en referencia el inventario de emisiones del 2010. Eso, según el IPCC, posibilitará que la temperatura no se incremente más allá de 2 °C, aunque lo ideal es que ni siquiera sobrepase los 1,5 °C. 

Fuentes consultadas